Juventud y estabilidad, ¿una utopía?
Desempleo, discriminación, precariedad y siniestralidad, palabras que resumen a la perfección la situación por la cual atraviesa la juventud española y extremeña en la actualidad. Emanciparse, comprar una vivienda, un coche, formar una familia, en definitiva independizarse es una “misión imposible” para la inmensa mayoría de jóvenes que acceden por primera vez al mercado laboral. Las dificultades de encontrar un empleo y de mantenerse con cierta estabilidad, por un lado, y el elevado coste de la vida por otro, hacen que los jóvenes no abandonen el hogar paterno hasta edades elevadas, lo cual conlleva consecuencias de orden social y económico importantes, así es que los jóvenes carecen de una autonomía económica real, fundan cada vez más tarde su propio núcleo familiar, tardan cada vez más en tener hijos, con el descenso consecuente de la natalidad -que será más acusado en el futuro- y con un desequilibrio mayor entre generaciones.
Se alargan, por otro lado, los periodos formativos. Extremadura, sin ninguna duda, cuenta con la generación de jóvenes más preparada de la historia, ¿de qué sirve estar sobradamente formado y preparado cuando no se dan las oportunidades necesarias para desempeñar su trabajo?. Por tanto, aún estando formados y preparados más que correctamente, es difícil acceder con garantías al mercado laboral. Se alarga así, aún más si cabe, la edad en la cual el joven accede a su primer puesto de trabajo y como consecuencia a su independencia.
En cuanto a la discriminación, no debemos olvidar que se discrimina a los jóvenes cuando se les contrata, pues con ellos se efectúan los contratos menos estables y más precarios. En cuanto a las condiciones de trabajo también son las peores: exceso de horas, menor salario, nula posibilidad de promoción, escasa duración de contratos....Circunstancia mucho más acusada cuando se trata de mujeres jóvenes, doblemente discriminadas por razón de género y edad.
Este tipo de empleo precario se refleja también en las elevadas tasas de siniestralidad de los jóvenes trabajadores. La juventud se enfrenta a un importante deterioro de la salud laboral generado por largas jornadas de trabajo, el trabajo a destajo, en hora atípicas, con la asignación de puestos peligrosos sin la adecuada información y formación en prevención de riesgos laborales.
Finalmente, hemos de señalar que la precariedad también origina la discriminación en cuanto a la participación democrática de los trabajadores en la empresa. Muchos jóvenes no pueden ser delegados de personal o miembros de comités de empresa pues sus contratos se realizan por periodos tan cortos, a veces de menos de una semana de duración, que ni siquiera pueden votar en las elecciones sindicales.
Se debe de hacer un trabajo serio, coherente, de concienciación juvenil de derechos y deberes, de formación sindical y laboral hacia el joven trabajador, sin olvidar ni mucho menos al estudiante. Hay que estar presente en los Institutos, en la Universidad, en las Escuelas Taller, en los Centros Formativos… Se tiene que formar al joven desde la base, para que en un futuro laboral muy cercano no sea objeto ni presa fácil para el empresario explotador.
Se alargan, por otro lado, los periodos formativos. Extremadura, sin ninguna duda, cuenta con la generación de jóvenes más preparada de la historia, ¿de qué sirve estar sobradamente formado y preparado cuando no se dan las oportunidades necesarias para desempeñar su trabajo?. Por tanto, aún estando formados y preparados más que correctamente, es difícil acceder con garantías al mercado laboral. Se alarga así, aún más si cabe, la edad en la cual el joven accede a su primer puesto de trabajo y como consecuencia a su independencia.
En cuanto a la discriminación, no debemos olvidar que se discrimina a los jóvenes cuando se les contrata, pues con ellos se efectúan los contratos menos estables y más precarios. En cuanto a las condiciones de trabajo también son las peores: exceso de horas, menor salario, nula posibilidad de promoción, escasa duración de contratos....Circunstancia mucho más acusada cuando se trata de mujeres jóvenes, doblemente discriminadas por razón de género y edad.
Este tipo de empleo precario se refleja también en las elevadas tasas de siniestralidad de los jóvenes trabajadores. La juventud se enfrenta a un importante deterioro de la salud laboral generado por largas jornadas de trabajo, el trabajo a destajo, en hora atípicas, con la asignación de puestos peligrosos sin la adecuada información y formación en prevención de riesgos laborales.
Finalmente, hemos de señalar que la precariedad también origina la discriminación en cuanto a la participación democrática de los trabajadores en la empresa. Muchos jóvenes no pueden ser delegados de personal o miembros de comités de empresa pues sus contratos se realizan por periodos tan cortos, a veces de menos de una semana de duración, que ni siquiera pueden votar en las elecciones sindicales.
Se debe de hacer un trabajo serio, coherente, de concienciación juvenil de derechos y deberes, de formación sindical y laboral hacia el joven trabajador, sin olvidar ni mucho menos al estudiante. Hay que estar presente en los Institutos, en la Universidad, en las Escuelas Taller, en los Centros Formativos… Se tiene que formar al joven desde la base, para que en un futuro laboral muy cercano no sea objeto ni presa fácil para el empresario explotador.
